que habitaba en una remota isla.
Los miembros de esta tribu se alimentaban de frutas, raíces y pequeños animales, pero su manjar preferido era una especie de cerdo salvaje que abundaba en las frondosas selvas de la isla. El clima era benigno todo el año, y la tribu casi desconocía el uso del fuego.Un día un rayo causó un incendio forestal, en el que perecieron muchos de estos cerdos. Cuando la tribu probó su carne asada encontró que era mucho más sabrosa que cruda, como la habían consumido hasta entonces. El cacique de la tribu tuvo una brillante idea: a partir de ese día se provocarían incendios periódicos, para asi poder contar siempre con esa exquisita carne asada.
Asi comenzó a hacerse. La sucesivas dificultades que fueron encontrando se fueron resolviendo sobre la marcha, y la faena se fue haciendo cada vez más compleja.Por ejemplo, el hecho de que no siempre quedaban cerdos atrapados en el fuego se resolvió creando un Batallón de Arreadores, que arreaban a los cerdos hacia el fuego, y los mantenían corriendo por ese sector. Al comenzar a disminuir la superficie boscosa se creó un Batallón de Forestadores, y por supuesto existía desde el principio la División de Incendiadores, y algunas otras menores, todos con sus jerarquías, sus códigos, etc.
El poder y la autoridad del cacique fueron aumentando, se convirtió en Rey, y surgió toda una corte formada por las jerarquías superiores de los diversos batallones y divisiones de la ahora floreciente industria y tradición nacional del Cerdo Asado al Incendio.
Hasta que un infortunado día, un nativo llamado José Sentido Común tuvo una epifanía: ¡Lo que estaban haciendo era una locura! Era mucho más simple cazar los cerdos, clavarlos a una estaca, hacer un pequeño fuego al pie, y asarlos uno a uno! Sin pensarlo dos veces fue corriendo a ver al Rey para contarle su idea. Éste lo escuchó, y antes de que José Sentido Común terminara siquiera de exponer su idea, el Rey vió el cuadro en su mente: batallones de desocupados, estructuras desarmadas, tradiciones abolidas de la noche a la mañana, una corte sin autoridad ni sustento, su propia autoridad y liderazgo convertidas en casi innecesarias...Sin pensarlo un segundo, ordenó a sus guardias ejecutar a Sentido Común en el acto. Inmediatamente después envió a su guardia a asesinar a toda la familia y los amigos del infortunado José, ante la posibilidad de que éste hubiese hablado con ellos de su idea, antes de ir a ver al Rey.
Para terminar envió mensajeros a los reyes y caciques de otras tribus cercanas para alertarlos acerca del peligro potencial que representaba cualquier idea relacionada con Sentido Común.
Los años han pasado y el mundo ha cambiado mucho desde entonces, pero la autoridad y el poder en todas sus formas mantienen hoy en día el mismo recelo hacia todo lo que pueda estar relacionado con Sentido Común, y lo ven como una amenaza al "status quo" que debe ser neutralizada lo antes posible, sin dudar.
Asi es en los gobiernos, en la política, en las iglesias, en las fuerzas armadas, en la industria médico-farmacéutica, y en muchas otras expresiones del Poder y el Control.Por eso es que, por ejemplo, la desmesurada "Industria de la Enfermedad" (que se llama a si misma "de la Salud") se ocupa de "combatir" las enfermedades, las epidemias... y también de combatir a los émulos de Sentido Común, que proponen PREVENIRLAS antes de que se produzcan.










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