mayo 16, 2010

Confía en Alá, pero ata tu camello primero.

Durante muchos años conocí esta frase, y cuando comencé a profundizar en el tema de la nutrición vi que era adecuada para ilustrar un punto sobre el que hay mucha ingenuidad, confusión, mentira, y hasta hipocresía.

Muchas personas, al comenzar un camino de crecimiento interior, creen en la idea (irresponsablemente difundida por muchos maestros) de que ya no necesitan ser cuidadosos de las necesidades de su cuerpo físico. Creen que su alma -o Dios, o el Universo, o la Fuente, o como sea que le llame cada uno en la disciplina que eligió- se ocupará de mantener su salud y su peso ideal, sin importar lo que ellos elijan comer o no comer.

Yo medité mucho sobre el tema, tratando de llegar a una respuesta auténtica, esquivando los dogmatismos (propios y ajenos), y vi que todo se podía resumir en esta frase: "Confía en Alá, pero ata tu camello".

Finalmente hace poco busqué la frase en Google, y tuve la satisfacción de ver que Osho la cuenta casi exactamente como yo la imaginaba:

Un maestro estaba viajando con uno de sus discípulos. El discípulo era el encargado de cuidar del camello. Llegaron de noche, cansados, a la posada para caravanas. Era obligación del discípulo atar el camello, pero no se molestó en hacerlo y lo dejó fuera. En cambio, se dedicó a rezar, le dijo a Dios: «Encárgate del camello», y se durmió.

Por la mañana el camello no estaba: había sido robado, se había ido... podía haberle ocurrido cualquier cosa. El maestro preguntó: -¿Qué ha pasado? ¿Dónde está el camello? -No lo sé -dijo el discípulo-. Pregúntaselo a Dios, porque yo le dije a Alá que cuidara de él; y como yo estaba cansado, no tengo la menor idea. Yo no soy el responsable porque se lo dije muy claramente. No hay forma de que no lo entendiera: se lo repetí tres veces. Y como siempre enseñas que debemos confiar en Alá, he confiado. Ahora no te enfades conmigo.

El maestro dijo: -Confía en Alá, pero primero ata el camello, porque Alá no tiene otras manos que las tuyas. Si quiere atar el camello, tendrá que usar las manos de alguien; pero no tiene otras que las tuyas. ¡Y es 'tu' camello! La mejor forma de hacerlo, el camino más sencillo y más fácil es usar tus manos. Confía en Alá, no confíes sólo en tus manos; de otro modo estarás tenso. Ata el camello, y después confía en Alá. 

Preguntarás: «¿Para qué confiar en Alá si ya he atado el camello?»; porque aunque esté atado, el camello puede ser robado. Haz todo lo que puedas, pero eso no garantiza el resultado, no hay garantía. Por tanto, haz todo lo que puedes y después acepta lo que ocurra.
Éste es el significado de atar el camello: haz lo que puedas hacer, no eludas tu responsabilidad, y después si no pasa nada o si algo va mal, confía en Alá. Entonces Él sabe muy bien lo que hace. Quizá sea bueno para nosotros viajar sin camello. Es muy fácil confiar en Alá y ser vago. Es muy fácil no confiar en Alá y hacer las cosas. El tercer tipo de hombre es difícil de encontrar: confías en Alá y sigues haciendo las cosas. Pero ahora sólo eres un instrumento; Dios es el verdadero actor, tú sólo eres un instrumento en sus manos".

(Gracias al blog "Osho despierta")

Está muy claro, ¿verdad?. La mayoría tiende a elegir uno de los dos extremos: la responsabilidad sin fe, o la fe sin responsabilidad. Es que siempre es más fácil ver la vida en negro sobre blanco. Plantarse en una vereda y rechazar la que está en frente. Ocuparse de una dimensión y negar la otra.

La tercera opción parece ser la más difícil, y la menos tomada: ocuparse de dos dimensiones diferentes, simultáneas, y a veces incluso contradictorias (aparentemente), cada una con sus propias reglas y necesidades... ¡y que para colmo se influyen mutuamente! Sin embargo, ese es el desafío de la persona que elige ser cada vez más consciente, más lúcida, más responsable. El camino a la verdad no está claramente marcado. No hay garantías, como dice Osho.