Hace mucho tiempo ya que las disciplinas que se ocupan de la nutrición y la salud física (médicos, nutricionistas) admiten que nuestro aspecto psicológico, emocional y anímico influyen en nuestra nutrición, en nuestras elecciones de alimentos, y hasta en la asimilación de lo que comemos y en la mismísima química celular, todo lo cual termina influyendo en nuestro peso, nuestra salud física, etc.
Faltaba que, desde la vereda de enfrente, las disciplinas que se ocupan de nuestras dimensiones sutiles (psicología, psiquiatría, y todas las derivaciones modernas) reconocieran el camino recíproco: que nuestra nutrición influye en nuestra psiquis, nuestras emociones y nuestras actitudes.
En concreto: Lo que pensamos y sentimos influye en lo que comemos... Y VICEVERSA: Lo que comemos influye en cómo pensamos y sentimos (pero esto último sólo era sostenido hasta ahora por una minoría de "marginales").
Todos sabemos de médicos y nutricionistas que, ante un paciente con desórdenes alimentarios, no dudan en recomendar una consulta a un psicólogo... pero ¿cuántos psicólogos conocemos que se abran a tan siquiera considerar que la nutrición de sus pacientes puede estar influyendo en sus problemas psicológicos y emocionales? Personalmente conozco una sola.
Cualquier médico hoy en día admite sin dudar la influencia que las emociones pueden tener en la presión arterial o el nivel de colesterol, pero ¿a cuántos profesionales de salud mental se les ocurriría relacionar cambios bruscos de humor con subidas y bajadas bruscas del nivel de azúcar en sangre debido a, por ejemplo, la ingesta frecuente de carbohidratos simples?
Esta nota, me parece a mi, habla de un maravilloso progreso hacia una visión más global del individuo, y hacia la integración de los "compartimientos estancos" en que siguen estando aisladas muchas disciplinas. La realidad, mal que le pese a algunos, es que nuestras dimensiones física y "no física" (mental, emocional, espiritual) se influyen recíprocamente. No es verdad que nuestra parte física está subordinada de forma total, verticalista y unilateral a nuestra parte "no física". Es un camino de DOS VÍAS, y no de una sola, como muchos siguen sosteniendo pese a la evidencia cada vez mayor en este sentido.
Podríamos tal vez decir que nuestra parte "no física" es "más importante" que la física, pero no que esta no tiene absolutamente ninguna influencia sobre aquella. En otras palabras: La influencia recíproca entre nuestras dos dimensiones no será "50 y 50", pero sin duda tampoco es "100 a 0".
Ahora bien, yo hubiera esperado que este reconocimiento viniera antes del lado de lo "alternativo" y lo "espiritual", ya que supuestamente están "a la vanguardia" y tienen una "mentalidad más abierta"... pero no fue asi. El reconocimiento vino del lado de la psicología tradicional, mientras del otro lado se siguen sosteniendo ideas como que uno puede desayunar hot dogs con papas fritas todos los días sin experimentar las consecuencias del exceso de grasa, sodio, etc... a condición de mirar al hot dog y decirle "te amo", o de "alinearse con la fuente" antes de llevarlo a la boca.
Cito textualmente fragmentos de esta excelente nota de la revista "Psicología Positiva":
"Buena parte del funcionamiento de los nervios de nuestro cuerpo y de las neuronas que dan vida a nuestro cerebro dependen de las grasas, proteinas y demás nutrientes que nos llevamos a la boca, según los nuevos estudios científicos. Las conductas, pensamientos y estados de ánimo no sólo se alimentan de nuestras experiencias personales, familiares y sociales, sino también de aquello que ingerimos, que influye en la bioquímica cerebral. Las últimas investigaciones sobre el nexo mente-estómago sugieren que comiendo mejor, nos sentimos mejor, además de ahorrarnos muchas visitas al médico." (y al psicólogo, agregaría yo)
"Para que nuestro sistema nervioso pueda dar órdenes esenciales a nuestro organismo, hacen falta neurotransmisores que conecten a las células entre si. Asi como los neurotransmisores influyen en nuestro ánimo y funciones mentales, es nuestra dieta la que determina los niveles de estos mensajeros químicos."
¿Es claro, verdad? Por las dudas lo diré más claro aún: LOS NEUROTRANSMISORES "TRANSPORTAN" PENSAMIENTOS Y SENTIMIENTOS, PERO NO SON PENSAMIENTOS Y SENTIMIENTOS: LOS NEUROTRANSMISORES SON "COSAS", TANGIBLES, Y SE FORMAN DE LA COMIDA.
Puede decirse más alto, pero no más claro.
En concreto, la gratificación que produce el helado, o el chocolate, NO ES PSICOLÓGICA, no es cosa de imaginación o sugestión: ES BIOQUÍMICA. Es real. (Claro que eso no nos salva de las calorías, pero ese es otro tema ;-).
La terapia, la meditación, el reiki, los cuencos tibetanos, etc., etc., etc... PUEDEN INFLUIR en cómo los nutrientes son movilizados y aprovechados por el organismo, pero NO PUEDEN FABRICAR MATERIA PRIMA.
Y recíprocamente, por supuesto: una alimentación perfecta por si sola no puede modificar una mala actitud mental o emocional, si la persona se empeña en sostenerlas... pero esto ya es sabido; es la otra visión la que aún es erróneamente defendida como "vaca sagrada".
Todo es un ida y vuelta, y aunque uno de esos aspectos sea principal y el otro secundario, uno surja primero y el otro después, eso no implica que la comunicación y la influencia sea unidireccional. Sabemos que el hombre creó el lenguaje y la cultura, pero también sabemos que el lenguaje y la cultura luego influyen (lo crean, de algún modo) al hombre. Del mismo modo, el hombre decide su alimentación, y luego su alimentación influye en sus decisiones.
Mis felicitaciones a la revista "Psicología Positiva" por esta nota que se atreve a cuestionar un enorme tabú (y uno muy "cool" y "políticamente correcto", encima) en aras de seguir acercándonos a la verdad.
febrero 19, 2011
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